46. Murtis tras la cortina

Hoy no sabía que hacer con el dolor que sentía en el corazón tras la clase de yoga en uno de los famosos centros establecidos en occidente por un Maestro hindú. Porque hoy de nuevo tuve que ver las murtis (estatuas de deidades) escondidas tras la cortina, la frivolidad con la que cosas que son sagradas para mí son tratadas alli: desde murtis que son ignoradas hasta mantras recitados “de una forma secular”, si es que eso es posible. Por lo menos, con la gracia de Bhagavan, no ha debido haber nadie que haya realizado la ceremonia de Prana Pratishta* en esas murtis, a pesar de que hacen puja de vez en cuando los mismos que dicen que las deidades son simplemente símbolos que representan las fuerzas de la Naturaleza.

*Prana Pratishta es la ceremonia por la cual se infunde Prana en las murtis volviéndose de esta manera idénticas a la deidad que representan. 

Hoy otra vez me pregunté qué diantres estoy haciendo allí, cuando llegan las navidades y ya han empezado a decorar el lugar para la ocasión…si llegan a poner villancicos como estaban planeando entonces definitivamente huiré de allí.

murtis-behind-the-curtain

“Siente tu cuerpo”, decía la profesora. ¡No quiero sentir mi cuerpo, quiero unirme con mi Shiva! Quiero deshacerme de las ilusiones que me atrapan. Quiero experimentar la Unidad de Brahman y reirme mucho de Su lila entre el Dharma y el Adharma. Pero mientras tanto, dime mi Señor, ¿qué hago con tanta falta de respeto? ¡Y aún se creen que son espirituales! Porque recitan el “OM”, se saludan unos a otros y a nosotros los estudiantes con el “Om Namah Shivaya”, tienen nombres hindúes y se pasan ratos leyendo fragmentos de los libros del Maestro a quien los centros deben su nombre. Pero si el Maestro mismo, a pesar de ser un jiva tan elevado si no iluminado, cayó en la trampa de la igualdad de las religiones, ¿que puede esperarse de sus seguidores?.

Impotencia, eso es lo que siento. Pero eso no significa que vaya a dejar de defender lo que siento que es mi deber defender: en este caso, la verdad del origen hindú del Yoga. No importa cuánto lo nieguen, no importa que sean muchos más en número si uno junta los que defienden que no tienen nada que ver con el hinduismo junto con aquellos a quienes no les importa en absoluto, sólo quieren algo de alivio para su vida estresada y algo de ejercicio para su cuerpo.

Y ellos son de lo más auténtico que uno puede encontrar aquí. Y esto es lo mejor que puedo conseguir si quiero tener una clase de Yoga guiada, por lo menos aquí en mi ciudad. Y quiero seguir el Yoga más auténtico: incluso si inconscientemente intentan matar los mantras cuando los recitan sin ninguna devoción, yo misma pongo la devoción. Si cierran la cortina todo el día con las murtis detrás, recuerdo qué murtis están ahí y entonces las reverencio (excepto a la imagen de Jesús, lo siento, pero ya he tenido suficiente en mi vida). Si escucho a los profesores llamándose unos a otros por sus nombres hindúes (a pesar de que reniegan tener nada que ver con el hinduismo), me trae a la cabeza la imagen de las Devis y los Devatas a los que restan importancia al usar sus nombres sin el debido respeto. Si me dicen que me centre en mi entrecejo “porque ahí está la mente”, entonces le ruego a mi Shiva que me proteja de todo este secularismo.

No he escuchado allí ni una sola vez la palabra “sagrado”. Y eso duele, mis queridos hermanos hindúes, ¡cuánto duele! ¿Lo entenderá mucha gente?

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