38. La naturaleza del Amor

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Si existe una palabra que ha sido usada, abusada, corrompida, vilipendiada e incomprendida, esta palabra es AMOR.

No hay duda de que sólo podemos amar hasta donde nuestra madurez nos permita hacerlo. No hay duda de que lo haremos lo mejor que podamos sólo hasta ese punto. Pero ¿podemos verdaderamente llamar “amor” al afecto que damos, que siempre espera ser correspondido? Cuanto más maduramente amemos, menos esperaremos de los demás, pero más recibiremos. Dicen que el amor de una madre es lo más parecido al Amor Real, porque es el que menos expectativas tiene. Y es verdad. Pero generalmente hay aún “alguna” expectativa, a no ser que la madre sea un ser iluminado.

¿O es amor ese apego llamado “amor romántico”? ¿Qué es este anhelo de fundirse con el amado cuando nos enamoramos?

Vayamos un poco más profundamente: ¿a quien amo cuando amo a alguien? Durante mucho tiempo desde que era una niña tenía una sensación satisfactoria de amarme a mí misma a través del amor que solía dar a los otros. No era capaz de amarme a mí misma directamente y entonces sentía el amor como una espiral de energía que resultaba en que llenaba mi propio corazón mediante el amor que daba. Ahora puedo entenderlo mejor: no había “otros” y “yo”, ésta era tan solo mi experiencia infantil de la Unidad del Ser en todo. Cuando damos amor, no es la persona (s) X nuestro objetivo: es el Ser el objeto de nuestro amor. Esa búsqueda de fusión en el amor romántico es una búsqueda extrema desesperada del Supremo a través del “otro”, tanto si lo sabemos como si no. Mientras que la identificación con el Ser es una de las metas más altas del Vedanta y nos puede llevar muchas vidas realizarlo, he encontrado que nos pasamos la mayor parte de nuestras vidas haciendo multitud de ensayos y de intentos fallidos de “intentar” amar a “los otros”.

Hay una linea sutil y muchos matices que entender en el clásico mandato de “ámate a tí mismo”. Nosotros, nacidos y educados en la mentalidad judeo-cristiana que nos marca de por vida como pecadores, encontramos dificil amarnos a nosotros mismos, seres tan imperfectos. Así que corremos de la autoestima más baja a la más aparentemente alta en forma de arrogancia, cuando luchamos por escapar de este sufrimiento autoinflingido de falta de autoestima. Pero eso es sólo el otro lado de la moneda de la misma ignorancia acerca de naturaleza interior real COMPARTIDA entre todas las criaturas del Universo. Necesitamos equilibrio. El equilibrio proviene de la verdad sobre nosotros mismos, de descubrir QUIENES SOMOS. Sentados en el trono de nuestro corazón interno, deberíamos aquietarnos y simplemente SER. Si realmente somos, sin ningún añadido (sin personalidad), en ese “ser” nos encontraremos a nosotros mismos. Veremos que en puridad, en lo más profundo, somos sin atributos, sin forma e infinito. Sentándonos tranquilos veremos que somos esa cualidad misma de Ser…..¿y qué es esto sino descubrir que somos el Atman, el Brahman encarnado en este complejo de cuerpo-mente-sentidos? Sólo entonces el amor fluirá sin expectativas, porque el Amor con mayúscula es lo que somos. Ese Infinito Amor constante que estamos buscando.

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Se dice que en los tiempos antiguos los rishis y rishikas, por su elevada condición espiritual, solían relacionarse desde ese núcleo del Ser único, con lo que los envoltorios femeninos o masculinos carecían de importancia. Pero con el paso del tiempo y el declive de la condición humana, se necesitaron tomar ciertas medidas para preservar la pureza en la mente de los jivas. Y para mí que los primeros pasos en esta dirección se han establecido perfectamente por parte de la tradición hindú de considerar a todos (excepto al propio marido o mujer de uno) como hermanos o hermanas, tíos o tias, o madres o padres según la edad y su relación con nosotros. Es una bella manera de purificar el sentimiento. En occidente todo está mezclado porque demasiada cercanía entre los sexos despierta nuestros instintos, quizá no siempre, pero sin duda sienta las bases para desarrollar posteriores apegos más bajos. A occidente como sociedad no le importa en absoluto la espiritualidad. Claramente como todo el mundo sabe, es una sociedad (o muchas) creada para ensalzar y exprimir el materialismo hasta la última gota de la sangre de todos los individuos que la componen y de cualquier otra sociedad que entre en contacto con ella o que trate de imitarla. Lógicamente, algunos individuos no pueden tolerar tanta presión materialista ni tanto vacío y afortunadamente, empiezan su evolución espiritual interior.

Pero si tenemos en mente que todo en el dharma hindú está pensado para que sea conducente a ayudarnos espiritualmente, en mi opinión, una de las razones por las que tradicionalmente no se ha propiciado la mezcla entre los sexos con demasiada cercanía ha sido para poder encontrar el Amor real en lugar de lo que llamamos amor. El contacto cercano constante crea apegos, y el contacto físico también. Namaste o Pranams en lugar del apretón de manos, o de besos en las mejillas que los españoles y otros occidentales se dan unos a otros cada vez que se encuentran, tiene como todo un peso energético sutil. No propiciar el contacto físico entre jóvenes y adultos de diferentes sexos tiene un significado profundo: prevenirnos hasta cierto punto de los apegos y evitar el intercambio de energías sutiles no siempre deseables. Porque el apego no es Amor. El apego nos arrastra hacia abajo a la rueda del Samsara (nacimiento – muerte – nacimiento – muerte – nacimiento…). El Amor libera. Si quieres saber algún dia lo que de verdad es el Amor, aquí va una pista: empieza a dar más que a pedir. Encuentra las razones para el contentamiento en tu vida y cree que cuando Amas, te estás moviendo en ESE Amor UNO. Y pronto encontrarás que cuanto más das, más lleno está tu corazón. Y las expectativas desaparecerán por ellas mismas porque cuando estás en el Amor Pleno y gratificante, ¿qué más puedes necesitar? Este camino en sí mismo te llevará más lejos y más alto. Sientate contigo mismo (con el Ser en tí), y Sé el Amor-que-todo-lo-abarca que eres. Entonces estarás preparado para saber qué es el Amor con mayúscula, y serás capaz de expandirlo a todas las criaturas, animales, plantas, estrellas, ríos, montañas y rocas, sólamente buceando en el mismo vibrante Ser Amoroso que lo permea todo.

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Traducción de las fotos:

Del Mundaka Upanishad: No por aquellos que practican las disciplinas equivocadas puede el Ser realizarse. El Ser se revela como el Señor del Amor a aquel que practica las disciplinas correctas.

Swami Vivekananda: Existe esta diferencia entre el amor que enseña el cristianismo y el que enseña el hinduismo: el cristianismo nos enseña a amar al prójimo como nos gustaría que él nos amara a nosotros; el hinduismo nos pide que le amemos como a nosotros mismos. De hecho nos pide que nos veamos a nosotros mismos en él.

Maestro Choa Kok Sui. Hinduismo revelado: Dar está conectado con el corazón; está conectado con el amor. Cuando ames, cuando des y compartas, tendrás prosperidad.

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