37. La vida es un viaje espiritual con trampas materiales

¿Has tenido alguna vez ese vago sentimiento de nostalgia? Ójala seas lo suficientemente bendecido como para entender por ti mismo de donde proviene. 

Como las flores esparcen su fragancia a todos por igual, así brilla el sol para todos, malhechores y santos y así la gracia de Bhagavan está presente siempre. Es una cuestión de, en palabras de Sri Ramakrishna, “desplegar las velas” porque el viento sopla para siempre. Este es el Amor con mayúsculas, esto es Satchitananda, la dicha (ananda) de vivir en la consciencia (chit) de la verdad inmutable (sat). Sat-chit-ananda es nuestro estado original. Y Sat-Chit-Ananda es Brahman, que lo permea todo y a todos como el Atman. Somos Eso, el uno y único Atman dotado de un complejo cuerpo-mente-sentidos para utilizarlo en este mundo. Esto es por lo que sólo alegría puede derviarse de la realización del Ser, del “Yo”.

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Toda tristeza que podamos sufrir tiene sus raices en el anhelo por lo que somos, pero que erróneamente buscamos fuera de nosotros. Todas las penas vienen de un sentido falso de separatividad. Pero somos divinos e inconscientemente echamos de menos estar sintonizados con nuestra naturaleza divina. El tiempo va en ciclos. Hubo una vez que estuvimos completamente identificados con ese sentido de plenitud. Una vez en la que fuimos Brahman que decidió saborear la separatividad mediante su Lila y se convirtió en el atman en todo. Maya, Su Shakti activa, hizo lo demás. Y olvidamos nuestro origen, y nos enredamos en adquisiciones mundanas trayendo la dualidad a nuestras vidas. Y nos entrampamos en el Samsara, repitiendo una vez y otra las mismas vidas sin sentido. Hasta que un bonito día, algo saltó desde dentro, “¿esto es TODO?”. Y en ese mismo momento comenzamos nuestro viaje de vuelta a casa, después de tantas vidas de vagabundear.

Este es el viaje más placentero que uno puede hacer. El más lleno de sentido y dador de felicidad, un viaje para disfrutarlo mientras se viaja, con una meta fija: dejar de perseguir lo que es falso, desapegándonos de ello mientras lo disfrutamos para finalmente abandonarlo todo. Este es el sentido de los cuatro purusharthas (dharma, kama, aartha y finalmente moksha) y de los cuatro ashramas (estadíos) del sistema ideal que todos los hindúes seguían en los tiempos antiguos:

  • 1º ashrama brahmacharya: el niño más tarde joven está centrado en sus estudios y debería permanecer célibe y puro mentalmente, ya que perder el tiempo en relaciones le distraería del estudio del Veda y de todo el entrenamiento de su Gurú.
  • 2º ashrama grihastha: es tiempo de que el joven pague a la sociedad lo que le ha sido dado, así que se casa y trabaja para contribuir. Cuida de la familia y de las necesidades de ésta y cría a los hijos en una atmósfera religiosa.
  • 3º ashrama vanaprastha: retiro: una vez los hijos han crecido y se han asentado en su propias vidas, es momento para los padres de retirarse gradualmente de los asuntos mundanos y de enfocarse más en prácticas espirituales.
  • 4º sannyasa: renuncia del mundo: las propiedades materiales se pasan a los hijos o a quienes quieran pasarselas, pero lo más importante es la renuncia interior, el desapego interior, de todo lo que es mundano. Ahora todo el foco de atención está en Moksha.

Algunas personas ya han tenido suficiente participación mundana en vidas anteriores, y no quieren saborear más este mundo engañoso. Se hacen sanyasis, renunciando al mundo incluso siendo jóvenes, y dedicando sus vidas enteras a buscar y a unirse con Bhagavan.

Todo en el Hinduismo es conducente a desvelar la verdad final, y así debe entenderse. Uno puede argumentar que los tiempos han cambiado, y que las cosas deberían adaptarse. Esto se permite en el Sanathan Dharma, siempre que no se pierda la esencia. Y esa esencia es el Dharma y vivir una vida dhármica. Y uno tiene que estar bendecido para tener el adhikara (cualificación debida a su propia evolución espiritual a lo largo de muchas vidas) para discriminar entre lo que puede ser modificable con el paso del tiempo y con el cambio de circunstancias, y lo que debe mantenerse. De otra forma, el riesgo de caer en el “todo vale” es una tentación que hay que evitar si no queremos desviarnos del camino espiritual.

 

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Porque tanto si lo sabemos como si no, la vida es un viaje espiritual con trampas materiales, y más tarde o más temprano todos seremos conscientes de ello.

om asato ma sadgamaya
tamaso ma jyotirgamaya
mrtyorma amrtam gamaya
om shaantih shaantih shaantih.

OM, condúceme de lo irreal a lo real. Condúceme de la oscuridad a la luz (de la ignorancia al conocimiento). Condúceme de la muerte a la inmortalidad. Que haya paz, paz y perfecta paz. 

(Brhadaranyaka Upanishad — I.III.28)

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