11. El amor en la India – por Maria Wirth

El bellisimo artículo de Maria Wirth sobre “el amor en la India” expresa todo lo que quiero decir hoy en el día de San Valentín. Nadie como ella sabe llegar al corazón de las cosas, porque escribe desde su corazón y da en el clavo de una manera honesta, íntima y emocionante. Sin más, aquí está la traducción del artículo. Cualquier cosa que pueda sonar mal expresado, atribuidlo por favor a mi traducción.

OmOcean1

EL AMOR EN LA INDIA

“No hay ningún otro país donde las cuestiones básicas surjan de la nada tan rápidamente como en la India”, me dijo una joven española. Estuve completamente de acuerdo con ella, porque me recordó a mi tiempo anterior en la India hace unos 30 años. Una cuestión básica entonces era el amor. En occidente, el amor se refiere sobre todo a la atracción entre los sexos. Enarmorarse se considera muy atractivo especialmente entre los jóvenes y causa envidia en aquellos que no están enamorados. Y si uno está enamorado parece depender en haber encontrado a D. o a Doña Perfecto. Sin embargo, la experiencia muestra que incluso aunque uno creyó haber encontrado a la persona adecuada, el pico emocional generalmente baja y lo que uno había considerado como amor eterno algunas veces deviene no solo decepción, sino incluso odio. La conclusión casi siempre es que no era la persona equivocada, y uno se pone de nuevo a la búsqueda de la persona adecuada. No hay probablemente en occidente ningún otro problema que cause tanto dolor emocional entre la gente que lo que se llama “amor romántico”. Me estaba preguntando si la aproximación occidental es inmadura y si India tiene una aproximación más madura al amor.

“El verdadero amor no es posible entre los individuos”, afirmaba la santa Anandamayi Ma. Y “Genuino, verdadero y permanentemente satisfactorio sólo lo es el amor a Dios”. Dios aquí significa el Ser verdadero, Brahman, Ishwara o Satchitananda que es nuestro Ser. Me he enfrentado a esta perspectiva desde el primer momento de mi estancia en la India. Nuestros “amores humanos” no merecen ser llamados amor. Los sabios sugieren palabras como atracción, cariño, querencia, encaprichamiento, amistad, incluso engaño para nuestros sentimientos de amor, porque en ellos siempre hay implicadas intenciones egoistas. El verdadero amor, sin embargo, no tiene intenciones ocultas y el ego de uno no aparece en escena.

Se usa una analogía para ilustrarlo: la ola (individual) es una con el océano (la Totalidad, Dios). Si la ola fija su mirada sólo en otras olas, escoge algunas para darlas su amor y para recibirlo de ellas, entonces este amor es estrecho, de mente pequeña y definitivamente no tan eterno como la ola pudiera soñar que es. Eterna es sólamente su unidad (ser uno) con el océano. El océano es la esencia de todas las olas, y en todo caso la ola es una con él para siempre. El océano es su gran amor, incluso aunque la ola no lo sepa. Mientras la ola siga considerándose simplemente una ola, desconectada del océano, y ni siquiera vea el océano a causa de todas las otras olas, sufre de la ilusión de que no tiene amor y de que tiene que buscarlo entre las otras olas.

“No te dejes atrapar por la ilusión (el espejismo)”, aconsejaba Ramana Maharshi, el sabio de Tiruvannamalai. “Los sentidos te están engañando. Sólo está el Uno tras todos los nombres y las formas, tanto si son bellas como si son feas. Piensa en la proyección de una película. Las diferentes personas que aparecen son fascinantes, pero no tienen ninguna sustancia en ellas. Sustancia sólo la tiene la pantalla en la que aparecen. Esta pantalla representa la consciencia de uno.”

Sabía no sólo intelectualmente que hay un todo tras la multiplicidad – un hecho que hoy en dia nadie puede cuestionar gracias a los descubrimientos de la ciencia moderna. Por lo tanto yo también sabía que los sabios indios están acertados cuando afirman que sólo el amor a Dios puede satisfacer real y permanentemente, porque verdaderamente sólo está Él.

Sin embargo, una cosa era entender esto, y otra vivir de acuerdo a ello. Cuando me miré honestamente, tuve que admitir que mi amor por Dios no era muy grande. Ciertamente no lo habría llamado “amor verdadero”. Es más, no podía imaginar cómo podía amar profundamente al Uno que no es accesible a los sentidos. Sentí que necesitaba que existieran al menos unos ojos a los que pudiera mirar. “Permíteme aprender a amarte”, rezaba. La segunda oración que lógicamente tenía que seguir a ésta era más difícil: “No me dejes volverme a enamorar, sino que déjame amar a todos por igual.”

Intenté resignarme a que tendría que arreglármelas ahora con una especie de amor “mediano” para todo el mundo durante el resto de mi vida sin nada destacable. No pude creer que toda la pantalla pudiera convertirse en “mi gran amor”. El Uno era tan incomprensible, sin ninguna sustancia, como el aire. Pero si quería vivir con integridad tenía que ponerlo en el primer lugar.

Pensando estas cosas me había alejado mucho del pensamiento occidental normal, sin embargo en relación a la India, me estaba moviendo hacia el pensamiento normal, porque aquí la mayoría todavía considera normal e importante desarrollar amor a Dios. Después de todo, el sentido de la vida es darse cuenta de la verdad, y hay fundamentalmente dos métodos recomendados:

– Jnana – conocimiento o sabiduría. En jnana el punto principal es darse cuenta del Ser ilimitado, identificarse con él y negar la verdad de las apariencias diversas radical y continuamente. Este sendero es más difícil, dice Sri Krishna en el Bhagavad Gita.

– Bhakti – devoción. El punto principal aquí es desarrollar amor a Dios, y disolverse en ello. En ambos casos la meta es la desaparición del ego. El sendero de bhakti es más sencillo, dice Shri Krishna. Como el ser humano necesita amar algo tangible, Él sugiere a Arjuna: “ámame a Mí”. O ama a Rama, a Shiva, a la Madre divina, y así. Uno tiene la elección de muchas personalidades con las cualidades más nobles – como un medio que ayuda.

La gente lo escucha desde su infancia: bhakti llena plenamente. Hay muchas historias de santos que estaban locos de amor. Chaitanya Mahaprabhu, un profesor de lógica, que vivió hace unos 500 años, es un ejemplo. Finalmente dejó toda la lógica a un lado y se movía por las calles cantando y bailando siempre con el nombre de Krishna en sus labios. “A-chinta” dijo supuestamente cuando dejó la universidad. Es el fundador del movimiento Hare Krishna.

Por supuesto, no todos los indios se esfuerzan por bhakti, porque las atracciones del mundo también son fuertes en la India. Pero a diferencia de sus contemporáneos occidentales, los indios no esperan (equivocadamente) del amor romántico el cielo en la tierra. Aquí, el amor no se considera lo opuesto al odio, sino nuestra naturaleza básica. Por lo tanto, no le dan tanta importancia a enamorarse, sino a desarrollar amor en sus relaciones. Comparado con ellos, nuestra actitud occidental parece como de jardín de infancia – donde la atracción sexual se considera como el más alto de todos los estados humanos posibles, donde “hacer el amor” puntúa más que “sentir amor”, donde “el amor al semejante” se delega a las organizaciones de caridad y donde el amor a Dios no tiene lugar. No dudaba de que los occidentales también,  sinceramente quieren amar. Pero sentía que carecemos de la sabiduría y por ello experimentamos tantas decepciones. En la India, la gente todavía no ha descartado completamente la tradición ancestral y la sabiduría contenida en ella, incluso aunque muchos están deseosos de hacerlo. Aún muchos indios están muy arraigados en la vida. Todavía saben donde tienen que buscar la felicidad y el amor – en ellos mismos…

En la India aprendí que el sueño del amor eterno no es poco realista. De hecho, el amor es tan cercano, tan real, que es bastante sorprendente que no se sienta. No está fuera, sino muy dentro, conectado intimamente con el propio ser de uno.

Por Maria Wirth

El original, en este link: 

https://mariawirthblog.wordpress.com/2013/06/26/love-in-india/

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